Usar paraguas en Inglaterra era mucho más dramático de lo que creerías

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Los cambios dan miedo, eso es verdad, pero hay algunos que son tan ridículos que es increíble pensar que la gente se escandaliza por ellos. Este es uno de esas ocasiones.

Jonas Hanway fue un viajero y filántropo inglés que vivió en el siglo XVIII y fue un pionero de los más extraños: fue el primer hombre en usar un paraguas en Londres. Te imaginarías que con el clima húmedo y gris de la capital inglesa todo el mundo saldría a la calle cubriéndose con uno, pero no. De hecho, usarlos era tan tabú que, cuando salía a la calle, provocaba la ira de los transeúntes.

Usar paraguas era todo un tabú, una señal de debilidad y, para los hombres, de ser afeminado. Era como ponerse un cartel que diga «soy débil» en la frente. La historia es mucho más absurda si tomamos en cuenta que, en esa época, las personas podían morirse de un resfriado, pero mejor terminar en la tumba que parecer un «amanerado» con paraguas.

El pobre de Hanway había vuelto de un viaje en París con un paraguas de recuerdo. Habría pensado que era una opción más sensata que andar mojándose en la calle, pero sus compatriotas no opinaban lo mismo. Según algunos registros, Hanway y su paraguas fueron víctimas de insultos de otros transeúntes y, en especial, de los conductores de carruajes.

Los conductores temían que si más gente usaba paraguas en los días de lluvia sus trabajos iban a desaparecer e hicieron lo más razonable: cada vez que veían a Hanway en la calle le tiraban basura.

Los paraguas son tan antiguos como la misma humanidad, pero en Europa se utilizaban principalmente para cubrirse del sol. La pálidez era un símbolo de status y por eso muchas señoras de la alta sociedad los utilizaban, pero no fue hasta principios del siglo XVIII que un mercader, Jean Marius, inventó una versión plegable que, además, venía con un material resistente al agua.

Desde ese entonces los paraguas se convirtieron en un accesorio básico en la vida de los franceses. Y los británicos, que siempre tuvieron una rivalidad con sus vecinos, odiaron tanto el invento que hasta insultaban abiertamente a los que se atrevían a cubrirse de la lluvia.

Después de la muerte de Hanway, en 1786, el uso de los paraguas estaba en ascenso y un par de años después se convertirían en el accesorio esencial que cualquier británico necesita para sobrevivir las lluvias constantes de su país, y todo gracias a un pionero que se animó a salir a la calle con uno.