Copa de la Superliga: Tigre venció a Boca en la final y se coronó campeón.

Tigre edificó el triunfo más importante de su historia. Con el 2-0 sobre Boca levantó la Copa de la Superliga, el primer título oficial en sus casi 117 años de existencia. Apenas una ráfaga de ocho minutos le bastó para derrumbar el castillo de naipes que es Boca, y que otra vez padeció su mandíbula de cristal. Su poca fortaleza mental.
Deportes - Final de la Copa de la Superliga entre Boca Juniors y Tigre, en el estadio Mario Alberto Kempes de la Ciudad de C—rdoba
02-06-2019
Foto: Fernando de la Orden

Y para colmo, hoy no lo pudo salvar Esteban Andrada, con responsabilidad en el 1 a 0 de Fede González, que sorprendió con un zurdazo fuerte al primer palo luego de un estupendo slalom de Cachete Morales, que entre tanto amague también engañó a tres defensores de Boca ante una falla, antes de cederle el balón al N° 9.

Y mientras el xeneize intentaba acomodarse tras el impacto, el Matador volvió a pegar. Prediger se quedó con una de las mil batallas que ganó en el Kempes, Montillo descargó rápido para González, habilitado por Izquierdoz, el pase justo para Janson y penal de “Cali” que el propio Janson cambió por el 2 a 0.

Mucho antes de todo eso, Boca tuvo la posibilidad de escribir otra historia. Pero como si estuviera poseído por una maldición, Benedetto malogró un mano a mano (su definición pegó en el poste izquierdo de Marinelli y volvió al campo). También lo intentó Zárate, con dos tiros libres apenas desviados. Pero no hubo caso: la suma de individualidades una vez más, sucumbió frente a un equipo que sabe a lo que juega, más allá de sus intérpretes.

El Mario Alberto Kempes fue testigo de un hecho único. Porque los conducidos por Néstor Gorosito no solamente fueron claros merecedores de la victoria, sino que además desafiaron toda la lógica. La gran campaña que realizó Tigre desde la desembarco de Pipo no logró impedir el descenso, pero el compromiso y convencimiento como grupo fue más fuerte que ese golpe y tuvo premio extra: 56 días después de bajar a la B Nacional se coronó campeón de un torneo organizado por la máxima categoría del fútbol argentino. Así de curioso. Así de contradictorio. Así de merecido.

Además de la vuelta olímpica, del trofeo y del premio económico (cerca de 20.000.000 de pesos), el Matador también se clasificó a la etapa de grupos de la Copa Libertadores 2020. Sí, después de toda la polémica, en el primer semestre del año próximo los de Victoria se convertirán en el primer equipo argentino de segunda categoría que compita en la máxima competencia de equipos de Sudamérica. El premio no es solo deportivo. Este año, Conmebol le pagó a cada uno de los 32 protagonistas de esa etapa un millón de dólares por cada encuentro de local.

Se emociona Gorosito, fundamental en su rol de entrenador y motivador de un plantel que se sentía descendido mucho antes de que la matemática así lo definiera, pero que desde su llegada sumó más puntos que Racing, el campeón de la Superliga (17 unidades contra 15 de la Academia). Que en tiempos donde la palabra no tiene valor y ante la tentación de asumir como entrenador de San Lorenzo, dejó bien en claro que cumplirá su promesa y seguirá en Tigre, lo que provocó que varios de sus dirigidos también se queden. Ahora, con esta coronación, también se metió para siempre en la historia grande del Matador, esa que no pudo escribir en la escandalosa final de la Sudamericana 2012 ante San Pablo.

Se abraza con todos Walter Montillo, que dejó atrás una serie de lesiones que parecía no tener fin, y que terminó siendo una pieza clave en el mediocampo de los de Victoria. Salta el Chino Luna, que al sueño individual de convertirse en el máximo goleador histórico del club (está a solo seis de lograrlo) ahora le suma este logro colectivo que significa el título. Como él lo describió hace unos días, el Torino venció al Falcon Sprint de Alfaro.

Para Boca el impacto es importante. No solo por la derrota, sino por el modo. La ilusión de encadenar el segundo título consecutivo en la era Alfaro chocó de frente contra la realidad. No venía jugando bien el equipo xeneize, y si bien se amparaba en la importancia de recuperar el carácter y la identidad después del golpe de nocaut que sufrió en Madrid frente a River sin preocuparse por las formas, lo concreto es que su sequía goleadora volvió a quedar en evidencia: un tanto en los últimos 450 minutos oficiales resulta un dato demasiado pobre, potenciado porque esa única conquista la marcó Lisandro López, un defensor. A ello se le agregaron las ausencias obligadas: sin Marcone y Nandez (suspendidos), ni Almendra (en el Mundial sub 20), el cambio de figuritas que hizo Alfaro en el mediocampo no dio el efecto imaginado y padeció el aceitado ritmo de su rival.

Tigre toca el cielo con las manos un puñado de semanas después de irse a la B. Ni el más fanático hincha del Matador hubiera imaginado este escenario de cuento para bordar su primera estrella en el escudo. Pero así es el fútbol, y ahora es tiempo de llorar y de abrazarse. Pero de alegría.

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