Caso del rugbier: “Julieta no siente culpa”

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“Es imposible que haya visto a alguien tirado”. Andrés Silva intenta reconstruir el momento que quebró su rutina. “Llovía, estaba oscuro y mi hija no llevaba sus anteojos para la miopía. No lo vio. Ella buscaba a alguien parado, caminando por el costado de la ruta, nunca a alguien tirado en el piso. Hay testigos que la vieron bajar del auto y gritar desesperada ‘no lo vi'”, resume.
El padre de Julieta Silva (29), presa por haber atropellado y matado a su novio en la ciudad mendocina de San Rafael, el rugbier Genaro Fortunato (25), no debería hablar con la prensa por consejo de la defensora oficial Florencia Garciarena, pero no puede evitarlo. Quiere demostrar la inocencia de su hija: “Julieta es una buena persona y una buena madre, solidaria, trabajadora. Tiene un grupo de amigos y familia detrás que no la va a dejar, desde el primer momento supimos que si había pasado algo, había sido un accidente. Es incapaz de matar a alguien. Fue un accidente”, dijo en diálogo telefónico con PERFIL, antes de la marcha organizada por los familiares y allegados de Genaro (ver aparte).
Se aferra, en ese sentido, a la declaración de testigos y a la ciencia forense. “Hay que esperar las pericias. Las cosas están cambiando”, dice con la esperanza de que el expediente cambie de carátula, pese a la determinación de la fiscal de la causa, Andrea Rossi, quien afirmó en conferencia de prensa que, cuando el joven estaba tratando de levantarse, su novia hizo un giro en “U” y lo arrolló. “Lo pasó por encima”, graficó.
En la actualidad, Julieta cumple prisión preventiva por “homicidio doblemente calificado por el vínculo y su comisión por alevosía y en concurso ideal”, una calificación que puede llevarla a la reclusión perpetua. Su familia confía que puede cambiar a homicidio culposo y, de esta manera, esperar el juicio en libertad.
“La gente tiene necesidad de salir a decir cosas y lo que ocurrió es lo contrario a lo que se dice. Ellos -por su hija y Genaro- no estaban peleados. El se había peleado con alguien en el boliche”, detalla.
Silva, a la vez, se lamenta por la cobertura mediática del caso y las reacciones en redes sociales. “Se le ha pegado mucho, habría ver bien qué pasó del otro lado. Lo único que pido es que no la crucifiquen, hay que esperar que la Justicia determine qué es lo que pasó. Ella es una excelente persona, trabajadora, emprendedora, le ha ido muy bien con su trabajo. Como familia estamos destruidos, lo que le está pasando a Julieta nos está pasando a nosotros, a todos. Somos gente de trabajo, no somos unos asesinos como se dice. Y también sentimos el dolor de la otra parte (en referencia a la familia del rugbier). No es muy fácil lo que les está pasando, es más grave”, dice Andrés Silva.
“A pesar de todo, Julieta está bien de ánimo, peleando por demostrar que fue un accidente. Está angustiada por lo que pasó pero no siente arrepentimiento ni culpa porque no tuvo intención de matarlo. Tiene una entereza…”, agrega con admiración hacia la actitud de su hija.
La joven, que está alojada en el complejo penitenciario de San Rafael, puede recibir visitas, pero prefirió que sus hijos no vayan a verla porque “les puede ocasionar un trauma”. “Los nenes están con el papá, una excelente persona. Estuvieron diez o doce años juntos. Cuando se aclaren las cosas, volverán a estar con Julieta en su casa”, indica Silva.
La fiscal Rossi espera los resultados de la pericia toxicológica; el análisis de los teléfonos celulares, la reconstrucción del hecho y la pericia oftalmológica que pueden inclinar la balanza a favor de la joven o condenarla.
El recuerdo de su ex
La ex novia embarazada del joven rugbier negó haberle mandado un mensaje de texto a la víctima y haber originado una pelea por ese motivo.
Se trata de Agostina Quiroga, quien espera un hijo de Genaro Fortunato, que declaró ante la fiscal Andrea Rossi que no tuvo contacto con el deportista esa noche, para lo cual puso a disposición su teléfono celular.
Tras la presentación de Quiroga, su madre, Verónica Arana, dijo a la prensa que su hija, embarazada de cuatro meses, “se presentó ante la fiscal para decir que el sábado a la madrugada no tuvo comunicación alguna con el teléfono de Genaro Fortunato”.
La mujer reconoció que “Genaro fue el gran amor de la vida” de su hija y contó que estuvieron cinco años de novios, pero no quiso dar más detalles para resguardar la intimidad de su hija, que espera una niña del joven fallecido.