Amistoso internacional: Agentina cayó ante Nigeria por 4 a 2.

La selección tuvo una dura derrota en el segundo amistoso de la gira por Rusia.
Argentina vs Nigeria en el Estadio CF de la ciudad de Krasnodar Rusia
12411/2017
Foto: Mario Quinteros

La Argentina daba otro paso en firme en Rusia. Tras el triunfo ante los locales por 1-0, el sábado pasado en Moscú, la victoria parcial por 2-0 frente a Nigeria, en Krasnodar, daba la tranquilidad lógica que da esa ventaja. Era cerrar la gira por la tierra del próximo Mundial con un balance positivo. Pero todo se desmoronó en nueve minutos: los africanos descontaron en el cierre del primer tiempo, dieron vuelta el marcador en los primeros minutos de la segunda mitad y después sentenció la goleada. Sin Lionel Messi, la selección se llevó una derrota por 4-2 y malas noticias desde lo futbolístico.

Si la selección se apoyaba en la certeza de que “en el Mundial sólo te atacan Brasil y España”, en esta ciudad deberá dejar archivada esa sentencia. O haber aprendido qué es lo que puede pasar cuando eso efectivamente sucede. Una combinación explosiva activó el nuevo escenario: la manifiesta debilidad defensiva cuando los papeles cambiaron y un demoledor ataque de Nigeria, capaz de destrozar todo lo bueno que la Argentina había construido en el primer tiempo. El 2-4 definitivo dejará una zona de análisis y estudio de la que deberán salir conclusiones que ayuden a evitar que algo así vuelva a ocurrir. ¿Porque qué puede pasar, con este mismo contexto, cuando los que estén del otro lado sean realmente Brasil y España?

Con el resultado en contra, Sampaoli empezó a cambiar para ver cómo equilibrar el mediocampo y controlar a Nigeria. Hizo seis cambios, pero ni así pudo volver a encontrar los espacios a partir del pase, como sí sucedió en el primer tiempo. El equipo perdió fisonomía, perdió figura. Los cambios expusieron a algunos jugadores, pero lo más grave ya había pasado: el equipo se había desarticulado cuando Nigeria intentó dañar. Y dañó.

Mascherano está apretado en su área, pero decide arriesgar: mejor intentar que revolear la pelota; Dybala va en su ayuda, se le ofrece como descarga: la recibe, gira y levanta la cabeza; Pavón marca el pase, corre como un nigeriano: lo encuentra en cortada en el lugar ideal; Agüero ya primereó a Balogun y señala el lugar donde quiere que le llegue: toca de primera y es gol. La jugada retrata lo bueno que mantuvo la selección de lo que había mostrado contra Rusia y lo que le agregó: paciencia y convicción para mantener la posesión incluso en zonas donde un error se paga con el gol rival y aceleración en ataque. Fue parte del mejor momento del equipo en el primer tiempo, cuando tuvo control y dañó a Nigeria.

El partido había cambiado su perfil a partir del gol de tiro libre de Banega -un remate esquinado y suave al pallo que había abandonado Akpeyi-; hasta allí, a la selección le había costado establecer el necesario cambio de ritmo que permitiera descomponer a la defensa de 5 hombres rivales. El doble error del arquero -tomó la pelota con las manos fuera del área, lo que derivó en el tiro libre del gol- aireó a la Argentina, que tuvo más soltura para encontrar la cadena de pases de ataque que pretende Sampaoli.

Pero todo se fue a pique en ocho ocho minutos, los que demoró Nigeria en pasar del 0-2 al 3-2. Un tiro libre bien ejecutado por Ilheanacho pero defendido con tibieza por Marchesín -en el final del primer tiempo-, un centro atrás coronado por Iwobi y una jugada de tres pases rápidos rematada por Idowu (había ingresado) desarticularon completamente a la selección, que se paseaba groggy por el imponente Krasnodar Arena. Nigeria había cambiado tres jugadores en el entretiempo pero, sobre todo, soltado a Ndidi, que pasó de volante defensivo a marcar el tempo del partido con sus pases en tres cuartos del ataque.

La primera derrota de la era Sampaoli llegó en un contexto particular del que tendrá que sacar conclusiones, y que tiene que servir de aprendizaje.